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Mensaje por Samuel N. Gladney el Miér Feb 25, 2015 5:26 pm

where is my mind?

amanecer de un domingo — residencias gladney

Encandilados por los azulinos y rojizos halos del coche policial, la fuga dio inicio, no sorprendía que en los últimos tramos de esos pequeños núcleos y murales mundanos alguien diese alerta a la ley, al orden y respeto por el silencio de las calles, algún observador o testimonio directo que, a través del vítreo de su ventana, se escandalizaba con la fascinación de los jóvenes por el armado de disputas sin razón ni lógica viviente, por la sonrisa reluciendo a través del primer vestigio de señales violáceas y la pequeña línea metálica de matiz escarlata deslizándose a través de la latente piel, obsoleta se encontraba esa tendencia destructiva por los finales alborotados, el revoloteo de la idea vorágine por ser protagonista o blanco de puñetazos en la devolución y soberanía por el flujo libre de supuesta tranquilidad, el acto destresante de perderse en la melodía de los huesos temblando, sí, aquella era la morfina nocturna que sacudía su entidad y células con total deleite. Las oportunidades eran pequeños fuegos, tentadores a los caminantes, él era de aquellos que se perdía en los más peligrosos, feliz de quemarse. Polvo, saliva y lagunas grana a la orden, el suelo de aquel sosegado pasillo sólo era rastros.

Ni espacio, ni tiempo, el cielo de matiz anaranjado con bordes oscurecidos amamantaba la idea del amanecer. La respiración buscaba calma, perderse entre todos. Abúlico comenzó a dar pasos vagos por los callejones, tenía la capucha puesta y la mirada vacía, carente de emoción e inyectados en sangre clavada en las zapatillas, suerte era la que cargaba en aquel inicio del alba puesto que resultó ser una sombra para la mirada de los oficiales. Dolía hasta dedicarse a respirar con toda normalidad, era una clase de virus corrompiendo cualquier tipo de ágil movimiento forzado, las montañas huesudas de sus puños lo traicionaban, pequeños diseños de heridas cortantes casi imperceptibles, un ardor involuntario, futuros moretones pronosticando sus ganas por desaparecer un rato en la privacidad pura, un martilleo constante arrebataba contra el cráneo, parecía estar a punto de explotar en mil pedazos, el aliento era una mezcla de sangre con tabaco o alcohol, las ramas desnudas de los árboles acompañaban aquel vacilante individuo que se movía sin destino fijo. Cuando se palmó los bolsillos notó la ausencia de las llaves de su apartamento, los Camel y de pura suerte estaba su móvil, pantalla rayada y resplendor hiriente para sus sensibles mares de tonos oliva y celestinos. Maldijo mientras se pasaba de manera delicada por los labios, desérticos y dueños de un malestar incomparable, agrietados por la sacudida de la fuerza de un tercero. No tenía ganas de molestar a ninguno de sus colegas, ¿y a Margo? Menos, suficiente ya era. Sacudió la cabeza en el momento que el semblante de su hermana menor cruzó su cabeza. Culpa era lo que sentía de tan solo pensar en hundir a Pandora en esas aguas, ¿pero qué otra posibilidad quedaba?

Sus sentidos no eran más que embriagados relámpagos de memorias del cuerpo que tomó como mártir, todo era una tempestad inconclusa que, para esos tiempos, ya ni se prometía no volver a repetir, ya no se mentía. ¿Por qué con ella? Quedaba más cerca, y siendo franco poca era la motivación de sus pies para arrastrarse por la acera, tosió, y un ardor conquistó tu caja torácica, únicamente necesitaba un lugar para pegar el ojo, el cansancio tomaba posesión absoluta de su ser y sentía que en cualquier momento caía rendido. Llegó a la dirección, era un verdadero cielo que pese a los golpes recordaba sin dilema alguno la dirección. Tocó la puerta con las palmas, inquieto, nervioso, desviando la mirada  a todos lados como ese que esconde, como el fugitivo que era, a la espera de que la de cabellos caoba apareciera.  
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Pandora A. Gladney el Miér Feb 25, 2015 6:29 pm

WHERE IS MY MIND?
Los esqueléticos, finos y largos dedos danzaban inquietantes sobre el negruzco teclado metálico portando de manera automática las letras a la pantalla, que iluminaba en tonos blanquecinos el semblante soñoliento gracias a un crepúsculo dueño del desvelo y cafés negros no deseados. Un pequeña habitación a oscuras dónde las cortinas estaban cerradas con sumo propósito de no dejar estorbar la luz del alba, la soledad como compañía y las tinieblas negruzcas como invitadas temporales. Un cuerpo mal sentado sobre una silla, con el escritorio de roble frente de sí que sostenía su pequeño computador, una taza de cerámica a un costado, libros bien acomodados del otro lado, escrituras y una pequeña fotocopia que indicaba la tarea que Pandora meticulosamente se encontraba haciendo desde la uno de la madrugada de ayer (más bien hoy). Así,  ocasionalmente, la joven de cabellos caoba pasaba sus mañanas de domingo; terminando trabajos, adelantando trabajos, dejándose consumir por una vida universitaria cada vez que sus pies yacían sobre su humilde y pequeña posada.

Sus dedos descansaron sobre el teclado, estiró sus extremos, desperezándose entre tanto un dulce bostezo embriagó sus delicados fauces, su cuerpo fue a abrazado por unas manos deleitosas que le brindaron el mejor obsequio que le pudiese brindar cualquiera en aquel alborear, unos minutos de distensión dónde la laxitud era el exquisito ingrediente. Duro un suspiro su pequeño momento, cuando  sus cristalinos hermosos regresaron a su propósito releyendo su primer párrafo dónde la idea de arrancarse los ojos le pareció tan correcta como divina. Era perfecta. Pero no contaba con los materiales necesarios, ni con la practica precisa para que dicha operación saliera excelente, la rendición ante el labor era su única opción factible,  no pretendía sacarse un ocho cuando podía ir por un nueve. Presionó el botón de borrar y en unos cuantos segundos la casilla retomaba su color blanco natural, lista para su nueva cantidad de palabras, lista para su historia y sin fin de relatos. En aquellos momentos era dónde la menor de los Gladneys se desganaba, permitiéndose conquistar por la pereza que dejaba filtrar cualquier tipo de razonamiento negativo fomentando el dilema ante su decisión pasada, pero despojó todo aquello de inmediato en cuanto contempló la taza rojiza vacía. Su mano se estiró para tomarla, pero un golpeteo interrumpió su camino, como acto reflejo miró la pálida puerta a sus espaldas, luego la hora en la pantalla y no era lo suficiente temprano como para cualquier ser humano estuviera despierto, mucho menos un domingo.

<<¿Qué mierda?>> La cuestión asaltó su mente, y se giró sobre la silla para poder observar el pórtico de una manera mucho más cómoda para su menudo cuerpo. Esperó por un segundo golpe y justo ahí fue cuando sus dientes capturaron su labio inferior, mordiéndolo involuntariamente, poco después se reincorporó y caminó por el espacio dirigiéndose hacia el emitor del sonido, entre abrió la puerta y metió medio rostro en la ranura que ella misma creó para averiguar quién se dignaba a estorbar sus dulces silencios. Cuando el alba se escurrió por las facciones encapuchadas ni siquiera tuvo que tomarse un momento para reconocerlo, pues, Sammy le resultaba tan evidente en cuento su físico. Un suspiro ahogado fue su saludo el cual lo acompañó la apertura total de la puerta,  retrocedió un paso sólo para dejar pasar a su hermano y cuando sus orbes capturaron el estado del mismo los inundó el pasmo. Mas sus fauces emitieron una palabra contraria a su semblante (que pronto lo modifico al natural). — Idiota. — Y desvió su mirada por un segundo en un gesto de desaprobación momentáneo, pero cuando sus amarinados orbes regresaron al morocho fue cuando las verdaderas preguntas se formularon.
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Samuel N. Gladney el Miér Feb 25, 2015 8:14 pm

where is my mind?

Juraría que si no abría la puerta se atrevería a sentarse ahí, el pequeño escalón gris, que, para esos momentos, parecía terriblemente confortable, tanteando el terreno firme con uno de sus pies, una brisa gélida cosquilleaba su espalda, hacía bailar a las frágiles ramas, observadoras natas de aquel bosquejo patético que era su delgadez y curvada espalda, las bajas temperaturas congelaban los pequeños vestigios de líquido escarlata que llegaban desde la fosa nasal derecha, contenida ya con el borde de la buzo azulado que llevaba puesto bajo su chaqueta, manchado con los rastros un nuevo error, ciclo destructivo que lo terminaría aniquilando, prosa rota de la poesía del salvajismo de nuestro ser. Se movía sin cauce, sin causa, manchando el traspasar de su río en pequeñas gotas escarlata. La garganta era un portal al desierto, muerta cual tronco arrancado de sus raíces, un verdadero hueco vacío que parecía carecer de posibles réplicas o argumentos que expresen lógica a su situación. Aliviado, dio un paso para entrar, luchando por no mirarle en ningún momento, imposibilitad a soportar contacto visual, parecía ser imitación de aquella mueca que, en el maravilloso y anhelado ayer, consumía su semblante ante el juicio de alguna travesura.

Radiografía del desastre; debajo de sus ventanales acuosos un arco rosado con pequeñas manchas opacas marcaba el fruto de aquel alarido provocador que desató el inicio de los cuerpos chocando y los empujones desabridos, desalmados, sin medir consecuencias o límites, un lado de la nariz desprendía ya de manera controlada un poco de sangre, el labio inferior siendo el máximo mártir y dueño de un ardor que intentó controlar pensando en diferentes cosas en el camino, fracasando paulatinamente, después sus manos, las cuales mantuvo escondidas en los bolsillos en todo momento, portadoras de las señales de hasta dónde llegaba sin querer y sin desearlo— Sólo necesito un lugar donde pasar la noche.—voz plana, un susurro al filo de la muerte. ¿No se suponía que debía ser al revés? Sentía que destrozaba por completo los estándares de los hermanos, la protección del mayor sobre el menor se deformaba y derretía bajo las llamas de la culpa. Se movió, dándole la espalda y con el brazo sobre el abdomen, moría de miedo por saber qué tipo de pensamiento poblaba la mente de la Gladney en ese preciso instante, una voz que le amargaba el laberinto mental— ¿Puedo pedir un vaso de agua al menos? —finalmente habló, girándose con sumo cuidado para sonreír, sí, sonreír con las grietas sobre la boca, sonreír como si fuese una visita de rutina.

Quizá se lo merecía, se merecía aquel pequeño hormigueo de tortura que corría a través de su espina dorsal, se merecía ese brío helado que atacaba cada centímetro de su rostro, un manto de cansancio corrompía su estabilidad, así que decidió darse el atrevimiento de tomar asiento en el humilde sillón cercano. Los codos terminaron apoyados sobre sus rodillas, no lo notaba ni lo percibía, pero la derecha le temblaba y realizaba un vaivén de arriba a hacia abajo que no podía detener pese a la súplica interna, semejante a dientes chocando en una noche invernal, cabeza baja y el recordatorio de que sus pastillas seguramente descansaban por algún confín desconocido, el delirio de ir por ellas fue una melodía tentadora para las fibras de su sensibilidad, tres o cuatro extraños le darían una cálida bienvenida, acabar lo iniciado era una clase de ritual. Se pasó los dedos por el cabello, despeinado, alborotado— Perdón, ¿sí? Es tarde y... —seguramente interrumpía, no supo más, negó y se sorprendió a él mismo ante el temblor de la voz, débil, tímida, contradictoria por el trazo de una seca curvatura sobre la boca.
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Pandora A. Gladney el Jue Feb 26, 2015 12:14 am

WHERE IS MY MIND?
<< Y una maldita enfermería>> Replicó con las palabras fugases, rozando lo espectral  yacieron en su mente mediante sus orbes azulinos siguieron curiosos el cuerpo masculino, observando por cada revocó hasta llegar a percibir las pequeñas gotas famélicas color escarlatas sobre los zapatos extranjeros. La penumbra si bien era penetrada por la luz artificial de la pantalla del computador, le molestaba hasta tener que  ajustar su vista así que buscó en la pared el interruptor de la misma,  presionando y así finalmente encontrando el cuerpo maltrecho de su hermano tendido en su sillón. Puso sus ojos en blanco ante la imagen que este penosamente le dedicaba,  la indiferencia era una amiga bien solicitada e recibida en las situación dónde la inquietud tocaba maliciosamente, despacio, cada borde de su corazón. Continuamente cerró la puerta dando dos veces vuelta la cerradura metálica y dejando la llave colgando en aquel pequeño perchero  que le había obsequiado su madre y que luego de unos meses oculto en cajas, se mudo  meticulosamente  sobre la pared blanca. La voz ronca, seca y trabajosa del Gladney llegó a su zona auditiva, ante ella reaccionó de manera casi instintiva, girando sobre sus talones y volviendo a posar su mirada sobre el mismo. Se perdió en tanto rojo de sus rasgos finos, en la hinchazón de sus fauces, el temblor de sus manos. Un segundo se tomó para asimilar la imagen, imaginar el grito que pegaría su madre... aunque luego de pensarlo una vez más mientras comenzaba a caminar hacia la cocina, realmente dudó si su madre pegaría un grito o simplemente haría como si nada.

Un vaso de agua en su mano derecha, unos des inflamatorios en su izquierda. Con el silencio adornándola como su reina la muchacha de cabellera larga y, ahora desprolija e revuelta,  le entregó su pedido junto a las pequeñas pastillas blancas que ayudarían con el dolor interno y la des-inflamación de las zonas afligidas. La luz que otorgaba su lámpara de techo era escasa y de una tonalidad casi fastidiosa para Pandora, mas lo suficientemente fuerte como para permitirle distinguir (entornando sus orbes) entre los sectores teñidos de bermejas manchas la gravedad de las zonas heridas por vaya a saber quién o qué y  porqué. Un suspiro se desprendió de sus pulmones, para luego tomar asiento a su lado y dejar sus cristales clavados en la infinidad de la nada. Intentó atar cada cabo suelto en su mente, despejar  los dilemas infernales que la sucumbieron al ver su condición, pero tampoco estaba segura si deseaba oír una respuesta, o siquiera saber… Pues, recordaba escasamente aquellos días cuando Archer regresaba a casa -su casa en ese entonces- en un estado similar al mismo y las respuestas siempre eran un tanto decepcionantes, o la llevaban al borde de la preocupación. ¿Quería que su sucediera lo mismo con él? No,  mas tampoco era el dueño de la violencia como su hermano mayor y eso le brindaba un gramo de aquella cosita que consideraba estúpidamente valiosa: esperanza. Pero recordó vagamente que quizá su imagen sobre su Samuel, como la de cualquiera, a veces puede llegar a resultar un peligroso idealismo y una pizca de temor tensó su cuerpo.

Dejo a un lado aquello, todo aquello y  giró su cuello para observarlo, por una milésima de segundo imaginó encontrar la piel natural y algo hastiada de siempre, la realidad la embistió incitando otro suspiro. —Es de mañana, no de tarde. —Una voz sin emoción se manifestó por los labios delicados de la menor, a comparación de la contraria se podía casi sentir el bienestar en la misma. — Y está bien. —Agregó luego de una extensa pausa, tampoco le reprocharía un miserable un techo, la simple idea teniendo en cuenta el cariño que le tenía le parecía casi repugnante. Por no decir patética. Se reincorporó entonces para perderse en su pequeño tocador y rebuscar una de esas toallas pequeñas que ni siquiera ella misma recuerda de dónde las consiguió, se desplazó una vez más hacia el hogar del horno, sumergiéndose en el aire helado del freezer para conseguir unos pequeños cubos congelados así continuamente envolverlos con el toallón, método clásico pero eficaz que con la ayuda del medicamento ejecutarían una sanación mucho más rápida en las magulladuras. Volvió a tenderse en el sillón, esta vez estirando sus piernas recostando su cabeza sobre el respaldar esponjado del mismo, depositó aquel remedio casero sobre el regazo de su imprevisto compañero—Ten. —Mencionó, dejando que sus uñas limaran cual felino la tela del sillón en un acto acariciando los limites invisibles de la impaciencia,  ella no pensaba preguntar si es que el cobrizo de pelos revueltos tampoco planeaba explicar. Y ahí fallecieron todas las palabras de Pandora, mientras volvía a ver a su hermano y no creía su rota sonrisa.
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Samuel N. Gladney el Jue Feb 26, 2015 6:47 pm

where is my mind?

El silencio siempre sería soberano indiscutible del lazo entre esos dos hermanos, frutos de la decadencia matrimonial y huéspedes de un hogar de ilusiones desechas. ¿Qué fascinación hallaba Samuel en los ojos de la tormenta, qué razón o lógica existía en la creencia casi religiosa de que la vida en su máximo esplendor llegaba únicamente siendo víctima de la destrucción, en las brasas tóxicas, hasta dónde había llegado a negar el reflejo de cualquier portal de nitidez? No podía ni siquiera mirar a la menor porque aquellos dos espejos celestinos invocaban una imagen naturalmente desolada, una que, gracias a una venda bien sujetada a su cráneo, se negaba a tolerar. "Venga, Pandora, no me odies ni me mires así". Le reprochaba en sosegadas palabras, se lo pedía casi a gritos y con la mirada desterrada. Agradeció, sus labios pronunciando sin emisión de melodías. Dolía tragar, dolía el simple roce del borde del vaso sobre los labios y dolía mucho más el desliz de una diminuta lágrima traslúcida atravesando las heridas desde la boca entreabierta, las dos pastillas fueron tragadas con un buen sorbo, encorvó más la espalda y dejó la copa al lado de uno de sus pies.

¿No deberías estar durmiendo entonces? —no conocía en que posición se encontraba el padre tiempo, mas tampoco era algo de su interés. Con algo de esfuerzo acomodó la espalda a la suavidad de sofá, contemplando los ágiles movimientos de su hermana por el reducido espacio, ¿qué clase de justicia o justificación divina existía para poner aquellas dos cuerpos de aire en el vasto mundo de aquella manera? Tan rota y extraña— Voy a lavarme las manos. —pronunció mientras observaba la limpia toalla (helada, cabía destacar) cerca de su contacto, dejándola a un lado, sus manos eran terreno de batalla, víctimas de lagunas bermejo, sangre de otros mezclada con la propia. Se movió al lavado, la cerámica blanquecina se ensuciaba y perdía fuerzas con la cascada saliendo de la canilla, reseca y pegada a la piel rascaba con la uña del pulgar, mordisqueando el labio superior por el ardor de los nudillos, un espejo humilde le devolvió la imagen que por unos segundos logró sorprenderlo, en cuestión de días lo rojo sería violáceo y después verde y después sólo una memoria, se giró, volviendo a sentarse con las piernas extendidas y un suspiro sonoro, acto seguido se esforzó para sacarse la chaqueta, los puños de tela lienzo total de los trazos grana. Ahora sí, la tela rozó primero el labio herido, una mueca de dolor deformando el semblante a medida que se acostumbraba a la baja temperatura de la caricia. Sacó el móvil del bolsillo, dejándolo en una mesita cercana, aquel pequeño gélido hielo evuelto no tardó mucho en ensuciarse cuando tocó por primera vez su nariz.

Con cierta torpeza movía aquel pequeño provocador de ardor, de manera distraída mirando a la misma nada y errante a la hora de fijar contacto, sin querer sus cuerdas vocales ya estaban moviéndose— No tienes por qué quedarte ahí sentada—comenzó de pronto, desconocía si habían pasado minutos, segundos, las manecillas y su constante sonido de pasaje le provocaba un tambaleo imperceptible—, a menos que quieras preguntar algo. y yo tenga una respuesta. lo que sus palabras incitaban podía ser de complejidad comprensiva para algunos, pero para Pandora, que seguramente ya poblaba costumbre a las camufladas invitaciones, seguramente era igual de fácil que la lectura de sus poesías favoritas, porque el cansancio lo estaba venciendo poco a poco, celestial sería llegar al descanso de manera natural y sin invocar el impulso de algún efecto secundario, y aquel silencio meciendo la habitación parecía hacerte creer que toneladas de metal caían sobre tus párpados.
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Pandora A. Gladney el Vie Feb 27, 2015 5:19 am

WHERE IS MY MIND?
Su mirada permaneció apegada al perfil de su hermano, por unos largos y eternos segundos dónde sus labios eran uno y la melodía del mutismo hallando como hogar el cuerpo de la misma. Pandora tenia esas tendencias peculiares, únicas, ésas que sólo ella podía portar y nadie más, como ésta misma, la de mirar; clavar sus índigos mares sobre alguien y dejar que cada rasgo de su rosto revelé su casto pensamiento. Pero, oh, ¡Pandora era tan compleja! Que sólo los expertos en las lenguas podrían llegar a leerla con exactitud, leerla de lo que se significa leer y asociar un significado característico e certero con dicha recitación. No obstante, la caoba ignoraba eso tanto como tenia presente que sus cercanos apenas sí conocían un poco de ella y por eso fijo sus orbes en Sammy, porque él no le regresaría la mirada (lo sabia) pero la sentiría sobre sus mejillas y dedujo que la estaría echando y repudiando, pequeño detalle irónico, ya que, la joven de nombre excéntrico sólo buscaba en su mente alguna insignia que revelará la osadía y saciara su la latente inquietud por el masculino de apodo tierno –por no decir bonachón-.

<<Debería. Como tú deberías estar sanito y en tu departamento, pero en la vida sobran ‘debería>> Pensó ácida entre tanto ocultaba sus labios, creando un mohín que desaparecería luego de dejar los apresados libres para darle paso a su voz sosegada. —Debería terminar mi trabajo. —Contradijo rápidamente, ahora regresando su visión al computador, observándolo cual traicionero con la suficiente valentía de haber clavado una espada en su corazón, no una, sino tres veces. Ahora mismo aquella idea se le era tan lejana como imposible. No porque no tuviera intención (eso le sobraba),  las circunstancian que la abrigaban como aventurero aferrándose al peligro la estaban desbordando de una manera un tanto irracional,  quizá era el hastío que ya cargaba por los mil y un intentos fallidos de un trabajo para el lunes, o quizá simplemente odió un poco la sorpresita de su hermano y aún no lo sabía, como también podía ser ésa nariz chorreando escarlata, el rosto magullado, aquel cuerpo tan maltrecho que le dolía de tan sólo recordarlo, todo aquello en conjunto sobre su hermano era algo que no podía soportar. Pero tampoco había acción que brinde solución correcta por los daños ya tatuados, de ella sólo quedaba imitar a una enfermera atenta o ser simplemente quién siempre gustaba de ser. Por supuesto que eligió la segunda opción, y siguió los movimientos de su hermano hasta el tocador aprovechando su ausencia para pasar sus manos sobre su rostro en un lento desliz que pretendía desprender de su sistema ese algo que se le era como un picotear en su nuca. Un bostezo mudo y sus extremos decayeron a su lado.  Él regresó y la cobriza alzo una de sus castañas cejas ante el ajetreo de su hermano con las telas que, al perecer, le estorbaban, se corrió un poco para brindarle más espacio y cuando notó una mueca de dolor en el ajeno enseguida su manita fue el rescate ayudando con un pequeño tirón y tirando la misma a sus espaldas, sin saber con exactitud el final de la misma y a decir verdad muy poco le importó.  Se acomodó y recibió los orbes celestinos con un pequeño ladeó de cabeza que termino con su mejilla descansando sobre su hombro, percibiendo el dolor e agotamiento en ellos a la vez que las palabras eran formuladas por los fauces masculinos.

“Amenos que quieras preguntar algo” Aquello se impregnó en su sesera, ¿quería preguntar? Oh, por su puesto que no, no quería preguntar; ella quería saber. He ahí la crucial diferencia. Porque Pandora no preguntaba, en situaciones de tal índole, no lo hacía, las conocía lo suficiente como para saber que a veces el protagonista prefería primero consumir unas gotas del tiempo para relatar su increíble o miserable historia, mas no iba a negarse a la oportunidad de al menos obtener un tres cuartos de su enigmático relato, mucho menos con una invitación a tales como la que había brindado. —¿Quieres que pregunte? —Alzó sus cejas  a la vez que una cuestión tan simplona como tal sonó estúpidamente inocente emergiendo de la geta de la chica, ocultando por allí en la comisura de sus labios lo que parecía ser un tonito curioso.  Poco después,  notó como Morfeo reclamaba por su hermano y de pronto vio las posibilidades de conocer los motivos a sus heridas en la tarde de un domingo. La paciencia era su amiga, pero no tan buena como para quitar el gesto acariciando lo irascible de su semblante, soltó un bufido y desvió su mirada hacia su tan conocido y odiado “comedor”. — Como sea. Duermes en mi cama. — <<Porque estas jodidamente mal y el sillón terminará contigo.>> Sentenció dando un vuelco radical a la escasa conversación decadente en palabras.
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Samuel N. Gladney el Vie Feb 27, 2015 7:34 pm

where is my mind?

Arrepentimiento propagándose a través de los pasillos mentales, pero todavía así, de ninguna manera podía considerar la idea de pincelarse en esa situación en un lienzo diferente, podría haber elegido ir a casa, por ejemplo, lo que quedaba de ella y de las memorias encarceladas, pero no existía posibilidad de tener el atrevimiento de tocar aquella puerta que, hace años, consideraba hasta propia. Ninguna balanza o posibilidad lograría calcinar la culpa que congelaba toda su anatomía, todas concluían en el florecer de una emoción lóbrega, espesos nubarrones que obnubilaban la claridad de los pensamientos, la espera de que aquel negativo manifiesto desaparezca junto a la llegada del sueño, un plomizo escenario que de ninguna manera se despegaría de la complejidad de su psiquis, sombrío tinte contaminando cualquier tipo de esperanza, mirarla sin verla realmente, la paradoja mundana y contradicción hecha condena, un total gobernado por una preocupación incoherente y de solución únicamente artificial o medicada. Parecía ser que las agujas del reloj habían decidido aliarse en su contra, simultaneas a la hora de traspasar de manera lenta y dolorosa. Jugaba con la piel que contorneaba sus uñas, fiel gesto invocado ante los silencios asfixiantes y el huracán de ideas arrebatando la serenidad interna, fiel método de distracción que acentuaba su chance por perderse en cualquier tipo de electricidad nerviosa.

Sus ojos, acuosos y gobernantes del escarlata matiz, desfilaron también sobre la pantalla, tenue dueña de una débil iluminación al reducido espacio y las pieles marmóreas— Supongo que desde ahora es más complicado concentrarse. —musitó, la acidez y el sarcasmo envolvieron lentamente la fugaz sonrisa que adornó sus comisuras, aquel mísero gesto parecía ser una clase de afilado hilo corrompiendo la fragilidad el rictus. Siempre había casi envidiado la facilidad de la menor para centrarse en trabajos o proyectos escolares, a diferencia de ella, pese a su capacidad o aptitud, había sido un verdadero desastre de calificaciones en los últimos tramos escolares de la secundaria, una ausencia pura por lograr un lazo con las horas de estudio, una supuesta voz que le susurraba el fracaso a la vuelta de la esquina era la responsable de lograr mencionada profecía a rajatabla, si es que había logrado recibirse fue gracias a lo que también hoy son sus supuestos mesías y salvadores, pequeños seres sin vida cargados en tóxicos efectos secundarios, de la universidad tampoco se las podía dar de ejemplo, una seguidilla de ausencias tacharon su nombre y apellido de la lista de estudiantes, la verdad era que Pandora heredaba una fama intensificada en fracasos. Antropología era un escenario incapaz, imposible, uno que no veneraba ni toleraba a los errantes desterrados, cualquier espacio normalizador (citando al gran Foucault) de ninguna manera podría aceptar y abrazar a los de su especie y categoría, podía actuar, podía fingir, pero no podía evitar que la máscara se caiga de vez en cuando y, finalmente, las sonrisas sean remplazadas por su asiento vacío y las hojas en blanco. Una vez que el abrigo (ensuciado y cubierto por una imperceptible capa de polvo, la mezcla de aromas de la noche impregnada a través del suave terreno de tela) yacía fuera de su cuerpo, le fue inclusive más cómodo moverse, inclusive con la clara muestra de culpa sobre él, cuya forma era la de pequeñas lágrimas grama en el cuello de tela y otras esquinas poco visibles.

El hielo ahora aterrizaba sobre el arco de sus ojeras, ya invisibles bajo la soberanía del súbito tono bordo, mencionada herramienta no sólo era una clase de brisa poblada en calma, un oasis en desierto, también era un verdadero mural que imposibilitaba el contacto directo, más agradecido no podía estar al respecto. La pregunta fue causante de un silencio que pareció eterno, los hilos se negaban a dictar movimiento o respuestas conclusas, el querer y el deber siempre eran enemigos que se sacaban hasta los ojos de ser posible, y el campo de batalla era nada más y nada menos que el ya agitado cerebro— Creo que te lo debo. Así que sí, lanza. —se sinceró por completo, un suspiro escapando a través de aquel par de labios destrozados, teñidos en los jugos de la vida, quería que pregunte, porque sabía Dios lo que significaban aquellas acalladas palabras, lo insoportable que era su huracán interno que parloteaba sobre todos los juicios que la muchacha podía tener, sobre los escenarios erróneos y adjetivos merecidos, necesitaba que pregunte, el responder era, por otra parte, algo muy diferente que parecía burlarse del límite de distancia. Quería que se saque cada duda y se detenga con las acortadas sílabas, que si podía, también le de otro golpe y haga combinación entre los espacios sanos de su piel, prefería cualquier cosa al leve impulso de ansiedad. Se estaba sacando los borcegos cuando la escuchó hablar, conteniendo una carcajada a sabiendas de que aquella armonía sería una punzada para toda la zona de las costillas— Dudo que quieras que manche tus sabanas con sangre. —pausó, dedicándole una fugaz mirada—, el sillón está bien y no tengo muchas ganas de ponerme de pie. —carraspearon sus palabras.
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Re: where is my mind? — privado.

Mensaje por Pandora A. Gladney el Lun Mar 02, 2015 12:49 pm

WHERE IS MY MIND?

Entornó sus orbes con aires enigmáticos, capturando su perfil desde el rabillo de su ojo, por momento sintiendo un cierto desdén hacia el comentario recibido. El sarcasmo era detectado en su voz y ni siquiera tendría que saber interpretar ironías para asimilar que sus labios habían escupido alguna, pues, ya conocía lo suficiente a Sammy como para leer a la perfección sus palabras. Mordaz le habían parecido dichas promesas, pues, quién portaba con carencia de concentración en la familia resultaba ser él, el hermano del medio. Sus cejas caoba, el suave marco de su rostro, se unieron formando con delicadeza un gesto, aquel mismo que manifestaba la incredibilidad latente. — Dímelo tú,  eres el experto en eso, ¿no? — Satírico profesar embistió sus fauces en forma de réplica.  Oh, y es que al momento de estudios o cualquier índole nadie podría reprocharle ni un gramo de aire a la menor de los Gladney’s, ella antes que cualquier de sus hermanos había cumplido su deber como correspondía cuando se trataba de dicho índole, abundaban dieces en sus libros y exámenes, ni hablar de ochos en los trabajos de las preparatoria. Hoy en día la universidad era una aventura mucho más compleja, que a diferencia del cobrizo, ella si se animaba a enfrentar pese a sus grandes fallecimientos de ánimos que últimamente la consumía hasta llegar a cuestionarse si la literatura era algo que podría llegar a ejercer sin remordimiento a un futuro de infelicidad. Pandora podría hacer lo que Archer, Kross, o cualquiera de sus compinches de vida con la calma de un conejillo blanquecino, mas no estaba en su sistema o ser, no era parte de ella ejercer o accionar cómo tales, porque desde su niñez, si bien fue compartida, experimento y paso por vivencias completamente diferentes, como cada uno, obviamente,  aunque la muchachita de orbes oceánicas contaba con consecuencias y actos… peculiares.

La omisión de parte de ambos se instaló durante un lapso de tiempo que bien pudo parecer una eternidad, una eternidad jugosa para ella; le gustaban los silencios. Se acomodó sobre el sillón una vez más, su cuerpo resultaba ser una bolsa de carne que nada le conformaba o le venía bien, hasta que paso su pierna izquierda por debajo de la derecha, apoyó su codo en el respaldo y descansó su mejilla sobre la palma de su fría mano. La permisión otorgada tan sólo despojó de su boca rápidamente tres simples cuestiones: — ¿Por qué? ¿Dónde y quién? — Cortas, pausadas, serenas y sin emoción, misteriosas y colgando del hilo de inquietud que la envolvió en cuento el rostro del joven se reveló ente ella. No imaginó respuesta, tampoco alguna justificación o un gran relato al fruto de una batalla la cual ignoraba, simplemente quería los indicios suficientes para concretar que los problemas no le tomaban las nalgas a su Sammy, porque de hacer muy poco sabría que hacer al respecto y la idea a un desosiego constante respecto a él se le era intolerable. Insoportable.

<<Estúpido idiota.>> Vomitó su mente ante el rechazo de un buen dormir,  y es que ¿Por qué intentaba rechazaba su escasa ayuda cuando prácticamente había tocado a su puerta? Quizá la joven la mayoría del tiempo se mostraba un tanto despojara a todo sentido, pero aún así la vida le había tejido una estrecha relación el masculino, imposible le resultaba que aquel le arrebatara su lado más blando en sí.  Mas la idea la insistencia no era una opción, ni siquiera el fantasma de la misma se había pasado de visita, de cualquier forma ella ya había puesto un poco de su parte, si no se la quiere no seguiría lanzando agasajos a un vació sin fondo. Rodó los he hizo un ademán  con su cabeza a la vez que sus dedos viajaban a rascar su frente. —Las sabanas se lavan. —Frase reveladora de la carencia de importancia que tenía hacia cualquier cosa material, y por supuesto, disfraz perfecto para ocultar su deseo interno por el bienestar de su hermano. Relamió sus labios, quitando la molesta sequía que los quebraba sin compasión.—Pero como quieras. —Concluyó en un tono suave, un tanto aborrecido y gastado, pasando sus finos dedos por un mechón de cabello atezado que luego llevaron hacia detrás de su oreja, para después yacer su mejilla sobre la palma una vez más.
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así tan solo así dejaste ver tu corazón cerrado y esta vez no va a ser necesario que digamos nada.

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